Edificio del GOETHEANUM,Dornach,Suiza.


Sede de la Sociedad Antroposófica en la Argentina
Crisologo Larralde 2224 ,telf.(0054-11) 4702-9872


Grupo de estudio Antroposofico en Lanús O.


Lectura de los textos "TEOSOFIA" y "LA VIDA ENTRE LA MUERTE Y EL NUEVO NACIMIENTO" del Dr. Rudolf Steiner.
Viernes 19.30 hs.
Informes : 4247-0679
micael.centro@yahoo.com.ar

LEY SOCIAL FUNDAMENTAL

..."El bienestar de toda comunidad de personas que en ella trabaja será tanto mayor cuando cada uno no requiera para si mismo el producto de su trabajo.

Es decir, cuanto más de este producto él ceda a sus semejantes y cuanto más sus propias necesidades se satisfagan no de su propio trabajo, sino del de los demás"...

de la "ciencia espiritual y la cuestión social - Rudolf Steiner



sábado, 23 de abril de 2011

SALUTOGÉNESIS


¿Dónde están las fuentes de la salud física, anímica y espiritual?
Michaela Glöckler

Fomentar la salud o impedir la enfermedad.
Hoy en día hay una nueva línea de investigación, la Salutogénesis, que se ocupa de la salud física, anímica y espiritual. La palabra Salutogénesis proviene de la palabra latina salus , salutis : salud; y de la palabra griega, genese : origen, procedencia. La Salutogénesis se pregunta entonces acerca de la procedencia de la salud. Ella desarrolla un nuevo paradigma, fundamenta así una nueva y ejemplar línea de investigación.
El paradigma que regía desde hace 300 años en la medicina es el de la Patogénesis. La palabra patogénesis proviene de la palabra pathein : sufrimiento y genese : origen. Significa entonces origen, procedencia del sufrir o bien de la enfermedad. Relacionado con esto, se encuentra entonces el concepto de prevención; prevención de la enfermedad en el sentido de la patogénesis significa evitar, excluir factores que producen enfermedades. Las preguntas, de cómo se origina una enfermedad, y cómo esta puede impedirse evitando los factores patógenos, están aquí en primera línea.
La Salutogénesis se desarrolló como concepto en los años 60 del siglo XX en el ámbito del habla inglesa. Pero posteriormente, en los años 90, encontró eco en Alemania en los discursos académicos y políticos de la salud. Un motivo de peso fue seguramente, que el viejo concepto de la patogénesis todavía era financiable. Las cada vez más altas prestaciones y los cada vez más altos costes de la salud y los problemas financieros relacionados, produjeron entonces una apertura para el nuevo concepto de salud, para la Salutogénesis. Se formulan entonces las preguntas básicas: ¿De dónde proviene la salud?. ¿Cómo puede fortalecerse la salud?. Y no ya en primera línea: ¿De dónde proviene la enfermedad y como esta puede evitarse?
¿Dónde se encuentra la diferencia esencial entre estos conceptos, el viejo patogenético y el nuevo de Salutogénesis?.
El concepto patogenético proviene ( en el caso de una enfermedad infecciosa) del modelo del contagio Yo me pregunto: ¿Quién me contagió?. ¿Cómo se llama el virus, la bacteria?. ¿Que antibiótico ayuda contra ellas?.
Desde el punto de vista salutogenético, en cambio, me preguntaría: ¿Por qué justamente yo permanecí sano, cuando todos a mí alrededor presentaron una infección? La pregunta de ¿Por qué uno se contagió pero el otro no, es una inquietud de investigación salutogenética?.
Las consecuencias de la catástrofe del reactor de Tschernobyl mostraron por ejemplo, que un alto porcentaje de la población enfermó de leucemia y de cáncer. ¿Por qué no todos enfermaron de cáncer ante la misma exposición?. ¿Qué es lo que los protegió?. ¿Qué fuentes de salud se desarrollaron aquí?.
Salud psicosocial-una perspectiva económica
No solamente el estado, sino también la economía se interesa por el principio salutogenético. En 1994, en el marco de las deliberaciones de la organización mundial del comercio (WTO) en la así llamada Rueda –Uruguaya, se ha firmado el acuerdo GATS: el General Agreement on Trade in Services, vale decir, un convenio general que permite el comercio también con el conjunto de los servicios sociales. Entre tanto 120 estados han ratificado ese convenio y están de acuerdo en entregar el sector de las prestaciones sociales en manos de la economía privada.
Como consecuencia de esto, los servicios sociales deben estructurarse nuevamente y de modo transparente. Para lograrlo, se han desarrollado procedimientos calificados, sobre cuya base los diferentes servicios pueden describirse con exactitud; por ejemplo cuánto tarda la ejecución óptima de una determinada medida asistencial. Lo problemático del caso es, que todo aquello que no comporta un crédito económico inmediato, tampoco recibe paga alguna. Dedicación humana y tiempo destinado a una determinada persona, que, por ejemplo no-solo desea que le lleven al aseo en un tiempo récord, sino que además quiere hacer alguna pregunta importante, deberían integrarse al sistema como valores retributivos. A ello se opone, sin embargo, el argumento de las escasas finanzas. De esta manera, el garante de calidad contribuye al logro de una mayor eficacia, pero lo hace a costa de una reglamentación del ámbito social en su conjunto, reglamentación que ya no hace justicia a las reales necesidades humanas. Así que aquí se abren importantes interrogantes nuevos con respecto a la configuración de un sistema de asistencia pública realmente moderno, y orientado hacia el futuro, a la que deberán integrarse imperiosamente las iniciativas ciudadanas y las asociaciones de los pacientes.
En su libro, ”El sexto Kondratieff”, Leo Nefiodow demostró, que el desarrollo de la economía se lleva a cabo en los así llamados ciclos Kondratieff, denominados así, por el científico ruso Nikolai D. Kondratieff (1882-1938). Kondratieff había descubierto ciclos evolutivos en ondas largas de 40-50 años (1926) y había notado, que cada 40-50 años puede notarse una tendencia completamente nueva, mediante la cual la economía mundial recibe sus decisivos impulsos de innovación.
En 1800 fue el invento de la máquina a vapor y la elaboración industrial del algodón, luego vino la industria del acero y de los ferrocarriles; después la industria del petróleo, materia sintética y del automóvil y por último, la industria de la informática y los ordenadores.
Estos desarrollos han determinado en todos los casos, el incremento y auge económico. Para el boom de la industria de la informática se prevé, por cierto, un fin más rápido de lo esperado. Tanto más intrigante se torna la pregunta con respecto a qué determinará al próximo gran impulso económico. Todo hace suponer que será la salud psico-social, o bien, el mercado de los servicios sociales. Si la drogo-dependencia y la dependencia de las tabletas siguen creciendo al mismo ritmo de los últimos 20 años, el cálculo de la WTO indica, que en el año 2100 cada segundo habitante será drogo-dependiente en las naciones industrializadas. Así se puede decir, que el 50% de la humanidad será toxicómano, dependiente de asistencia. En la economía ya se observa en la actualidad que las faltas al trabajo a causa de alteraciones psico-sociales son un problema cada vez mayor. Las personas que ya no tienen tanta resistencia, con frecuencia notifican que están enfermos y soportan cargas cada vez menores. Para la estabilidad económica duradera es imprescindible la existencia de suficientes hombres sanos. También por esa razón, la economía tiene interés por los conceptos salutogenéticos.
Para arreglar esto, tiene que elaborarse un sistema que facilite la descripción de servicios concretos de tal manera que puedan ser adquiridos y comprados por clientes. Por este motivo encontramos actualmente instituciones sociales como residencias de ancianos, pero también escuelas y jardines de infancia, que se ven confrontados con normas de calidad. Así por una parte se incrementa, por lo menos se espera, la calidad del trabajo y de la prestación; pero por la otra todo esto se hace una forma mercantil. La visión del futuro de una sociedad de 20 a 80, en la cual sólo el 20% de los habitantes tendrán trabajo y el 80% a su vez deberá ser asistido socialmente, nos impone a todos, pero también a la sociedad terapéutica antroposófica la misión de colaboración para la inversión de esta relación. El 80% de la población debería tener trabajo y debería aprender a crear nuevos lugares de trabajo a partir de nuevas visiones económicas conjuntas y político sociales, para poder asistir al 20% que no pueden hacerlo.
A consecuencia del desarrollo incrementado de las prestaciones y los costos en la asistencia de la salud, hoy también en la asociación terapéutica antroposófica nos vemos mancomunados con política y economía, para fomentar en todo lo que fuera posible, la salud de los hombres.
Salud –que es esto verdaderamente
La Salutogénesis tiene como objetivo el llamar la atención del hombre hacia las fuentes individuales y sociales de la salud y de su curación.
Rudolf Steiner (1861-1925), ya en 1920, en una conferencia para médicos indicó claramente, que el médico debía tener en su mirada la salud de la humanidad entera, aún cuando quiera ayudar a un solo hombre. ¿Por qué? Porque cada ser humano es una parte del todo, que él influencia de esta o aquella manera, consciente o inconscientemente, por el modo como que se relaciona interiormente y hacia fuera consigo mismo y con los demás seres humanos; él tiene parte activa en el desarrollo de la tierra y el hombre. Cuanto más logro yo actuar desde una perspectiva abarcante, también en lo pequeño, tanto más contribuyo a la curación y a la prosperidad del todo. Cuanto más aislado estoy y menos me relacionó, actúo y trabajo, tanto más corro peligro de convertirme en un factor enfermante en el acontecer evolutivo. Salud, sanar completamente, significa integración. Enfermedad es el resultado del aislamiento o desintegración de procesos, funciones o sustancias en el organismo.
Nuestro deber es entonces, con nuestras acciones pequeñas y nuestro actuar cotidiano, buscar las grandes metas de la humanidad y no perderlas de vista.
Cuando Aarón Antonovsky (1923-1994), el padre del paradigma salutogenético, tuvo la tarea de revisar el estado de salud de los hombres de mayor edad en Israel, desarrolló criterios de cómo se mide salud física y espiritual. Para su gran sorpresa, constató que en los hombres ancianos poseían la salud mejor justamente los sobrevivientes del espantoso holocausto.
Abraham Maslow (1908-1970), en forma conjunta con Carl Rogers y Erich Fromm, uno de los fundadores de la psicología y la psicoterapia humanística, llegó a través de sus investigaciones sobre la salud espiritual a grandes sorpresas. Para encontrar criterios sobre la salud anímica, examinó a hombres sanos. Los seres humanos que él encontró con mayor estado de salud, presentaron vivencias de ruptura anímica, experiencias espirituales como una vivencia extracorpórea, un encuentro con un ser divino u otras vivencias místicas. Él encontró, que también en cada alma psíquicamente enferma hay un núcleo sano. Si uno fortalece ese núcleo debidamente, entonces el hombre puede convivir mejor con sus problemas, y de esa manera influir en su entorno humano en forma sanadora.
Otra aspecto de la Salutogénesis es la llamada investigación de la resistencia. Esta palabra proviene del inglés resistiendo: fuerza de resistencia. En esta investigación de las fuerzas de resistencia se encontró que herencia y medio ambiente no son únicamente los factores decisivos para el desarrollo humano. Hay un tercer factor, al que no se le prestó mayor atención, y es de central importancia: el factor de las relaciones humanas. ¿Mediante qué se destaca una buena relación?.
Tres atributos esenciales de la humanidad son decisivos:
- Honradez, veracidad, sinceridad.
- Amor.
- Respeto por la autonomía y la dignidad propia de los demás, aún también de los niños o de los que se encuentran con necesidad de ayuda.
Si un niño vivencia estas buenas relaciones (y esto aún con una sola persona, y también en un determinado tiempo de su niñez), puede desarrollarse él también en forma sana, a pesar de que las condiciones de vida sean adversas - a la noche se le pegue y en el correr del día no tenga un verdadero cuidado-. Si se produce con un ser humano una profunda, interior y verdadera relación, no necesariamente estaría afectada la salud anímica. Por el contrario, un niño así, podría ser todavía especialmente más sensible y compasivo.
El libro “Plus fort que la haine “, que apareció en Francia y causó gran sensación, es un gran ejemplo. “Más fuerte que el odio” es la experiencia de amor y humanidad que vivenció un niño en extremo traumatizado, despreciado y descuidado, de tres años, durante tres valiosos meses en una familia adoptiva. Esta vivencia lo sella para su posterior vida entera y posibilita la identificación con el bien y la bondad.
“Lo que fortifica al niño entre el riesgo y la resistencia” es el título de una publicación alemana, en la cual se publicó una cantidad importante de estudios sobre calidad de vida de los niños, en los que se puede aprender cómo se procura aprender, como se procura la salud y ésta es duradera para toda la vida.
Fuentes físicas, anímicas, espirituales de la salud
¿Cuáles son las confirmaciones esenciales de la investigación salutogenética de Antonovsky, del examen de Maslows hacia una saludable alma y de la investigación sobre la resistencia? Estas se puede resumir en tres aspectos principales, o bien, tres principios, los cuales son decisivos para el desarrollo de la salud.
En el plano corporal se presenta el principio de la Heteroestasia . La palabra proviene del griego hetero: distinto, y del latín éstasis: estado, con el significado entonces: estado distinto. Por el contrario, señala la palabra homeoestasia del griego homeo: parecido, estado igual.
Según el modelo patogenético y en el sentido de la homeostasis, el organismo tiene la meta de cuidar lo más posible su equilibrio en el medio ambiente, lo que es muy importante, y la pregunta es, de que forma lo logra.
Según el modelo salutogenético, el organismo sano no tiene la impronta de la homeostasis, sino que, continuamente transforma procesos heteroestáticos en homeostáticos, y por ello posee un alto grado de procesos y capacidad de adaptación.
El aspecto central del principio salutogenético es entonces la capacidad del hombre de confrontarse con lo extraño, con conflictos y salir fortalecido luego de esta confrontación. El principio de la heteroestasis significa entonces también aprender del stress y no solamente evitarlo. Rige conocer los limites de la resistencia corporal y anímica y aprender a continuar.
Este principio salutogenético se corresponde con el consejo que la medicina antroposófica siempre ha dado: que por ejemplo para el niño es sanador pasar las enfermedades infantiles. Estimula el desarrollo del sistema inmunitario, la capacidad de autorregulación y autocuración.
Esto hace cuestionarse el sentido de la vacunación, que el ministerio de sanidad propaga abiertamente con tanto énfasis. Por supuesto está siempre la pregunta de sí el niño está lo suficientemente fuerte para la confrontación con la enfermedad. El juicio de esto siempre es tarea del médico. En un niño con una constitución muy débil, no es posible esta confrontación, entonces tiene sentido, vacunar al niño y de la misma manera tratarlo con antipiréticos y antibióticos. Aunque también es importante que no se le dificulte la confrontación con otras enfermedades infantiles mediante la vacunación masiva e irreflexiva, y con esto se le quite al niño la posibilidad de desarrollar nuevas y enriquecedoras fuerzas de resistencia.
Típico para el principio patogenético es el consejo: vacúnate contra cada virus gripal, evita todo estrés y enojo, déjate prescribir un certificado de enfermedad, o ante cada síntoma mínimo de malestar, toma ésta o aquella tableta.
Para la Salutogénesis, por el contrario, es decisiva la pregunta: ¿Cómo aprendo yo a llegar a buen puerto en todas las situaciones de la vida, y ser interna y externamente flexible?; ¿Cómo me transformo en un ser tolerante a la frustración, al estrés y ser estable de carácter?.
En el ámbito anímico , la Salutogénesis se relaciona con un sentido de Coherencia (en inglés sense of coherence), en un sentimiento para la relación o vínculo con todo lo existente. Y cuando el hombre logra poder ordenarse a sí mismo dentro de las pequeñas y grandes relaciones del mundo, entonces ahí puede encontrar el sentido de la vida.
¿Cómo se aprende a desarrollar un sentido de coherencia? Antonovsky lo dice bien claro y contundente: el niño debe aprender, a través de la educación, una satisfactoria visión del mundo. Debe poder aprender que el mundo:
- es comprensible;
- satisfactorio, valioso, pleno de sentido;
- manejable
En este sentido, una visión del mundo es satisfactoria, cuando ayuda a encontrarse a si mismo, a caminar de tal manera por la vida, que se presenta plena de sentido. Por ejemplo, hubo muchos niños que después de la segunda guerra mundial, por experiencias personales de guerra, o por informes de adultos afectados, como los que tiraron las bombas atómicas en Japón, presentaron una carga muy importante de miedo y angustia. Aquí es decisivo, por lo menos, tener cerca un ser humano, que tenga comprensión para la situación de los niños, a los cuales pueda hacer preguntas y que les ayude a desarrollar un sentido de coherencia. Esto puede lograr, por lo menos, a pesar de las preocupaciones y miedos, el poder convivir con esto, y desarrollar la esperanza de que algo se puede realizar para vencer el miedo y las causas de las guerras. De la misma manera ocurrió a muchos niños y jóvenes luego del suceso del 11 de septiembre. Discusiones y reportajes, así como una información abierta, fueron importantes para entender y trabajar el acontecimiento. Pero de acuerdo a la edad del niño, es por demás decisivo que esté presente una persona cercana, preferentemente madre o padre, que conviva con esto y lo tenga en su conciencia y que a pesar de todo transmita esperanza y confianza en la vida. Que haya personas que conozcan situaciones peligrosas y grandes problemas, que los puedan atravesar, y a pesar de esto ser alegres, afirmativos a la vida y sean de apariencia normal y tranquila; esto es muy valioso y de inestimable ayuda.
Hay muchas posibilidades de cómo, desde pequeño, se puede trabajar sobre este sentido de coherencia. En las escuelas Waldorf se dice, por ejemplo, todas las mañanas, antes de la primera hora de enseñanza, en forma conjunta, maestros y alumnos, el así llamado verso de la mañana. Rudolf Steiner, el fundador de la pedagogía Waldorf, lo ha escrito y lo aconsejó para estudiantes a partir de quinto grado:
Mi mirada penetra en el mundo
donde el sol brilla,
donde las estrellas centellean,
donde descansan las piedras,
donde las plantas viviendo crecen,
donde los animales sintiendo viven,
y donde el hombre,
dotado de alma
da morada al espíritu.
Mi mirada penetra en el alma
que en mi interior vive.
El Espíritu Divino palpita
en la luz del sol
y en la del alma:
En el espacio sideral,
ahí fuera,
en las honduras de mí,
por aquí dentro.
Hacia ti, ¡Oh, Espíritu Divino!
Quiero en súplica dirigirme
para que dentro de mí crezcan
fortaleza y bendición
hacia mis estudios y hacia mi trabajo
Para una verdadera visión del mundo, no se trata de transmitir un determinado perfil de las cosas, como ocurre en esencia con las ideologías. Es mucho más que eso, pues se trata de un proceso de crecimiento y maduración interior, de tal manera que el hombre va creciendo con los procesos del mundo a través de un continuo aprender y trabajar, y lo hace fortaleciendose de forma consciente y progresiva.
Decisivo para fomentar el sentido de coherencia en el niño, es también el ejemplo en la escuela, el ejemplo de los adultos, quien trabaja él mismo en su sentido de coherencia para sí y para el mundo y lo desarrolla continuamente.
Esta es una de las tareas más importantes de nuestro tiempo, en la así llamada quinta época cultural postatlántica, que (según Steiner) se inició en el siglo XXV. Una característica de esta época es, según Goethe, el pacto con el mal, pacto entre Mephisto y Fausto. Todo indica que la tarea de esta época es la confrontación interna y externa con las fuerzas e inclinaciones hacia el mal. El cúmulo de horrores y destrucción, que a través del video y la televisión son divulgados en los informativos, inquietan, ya que así ninguno de los televidentes puede desarrollarse como un ser humano despierto y autoconsciente.
Cuando se reconoce el mal, el peligro de seguirlo o caer, es mucho menor. La posibilidad de no caer, crece, en el reconocimiento y en el vencimiento del mal, de desarrollar posibilidades para hacer el bien, lo verdadero y lo pleno de amor. Un viejo refrán chino dice: solo hay dos caminos para volverse sabio, a través del conocimiento o a través de experiencias penosas.
Y como tercero es decisivo, y eso hoy es lo más difícil, que los hombres deben aprender a erigir resistencia en lo espiritual , fuerzas de resistencia , a través de la confianza en el curso y en el sentido de la evolución de la humanidad – justamente hoy. Cuántas personas existen actualmente, que caen en la depresión, por haber perdido la confianza en la evolución, en Dios, y en el hombre. Crueldades y violencias, corrupción, guerras y catástrofes acerca de las cuales se está informando constantemente, son apenas soportables para muchas personas. Enfermedad, drogas, o abuso de medicamentos, son la consecuencia de actos de desesperación y terror que pueden llevar al suicidio. Aquí, tendrá que edificarse una concepción del mundo que ayude a comprender y a elaborar dándole un sentido, al mal, a lo negativo y destructivo. Hans Jonás (1903-1993), un filósofo judío, contemporáneo y colega de Antonvsky, ha influenciado decisivamente la ética del siglo 20, con su principio de la responsabilidad. El centro de su filosofía está ocupado por una responsabilidad basada en la dignidad humana. La madre de Jonás había muerto en las cámaras de gas en Auschwitz. Para él, como judío creyente, fue un hecho inconcebible. Dado que, según la tradición judía, Dios vive en la historia, actúa en la historia y acompaña a la humanidad en el proceso histórico. Dios (por así decirlo) es vivenciable a través de la historia y no castiga a los justos. Al cabo de estos acontecimientos en Auschwitz, Jonás tan sólo pudo preguntar: ¿Dónde estuvo Dios cuando sucedió Auschwitz?. ¿Le ha dado la espalda a la humanidad, la ha abandonado? ¿Acaso Dios no ha existido nunca? ¿O tal vez Dios ha modificado su relación hacia los hombres? ¿Acaso en el curso de la evolución humana Dios también no ha ido desarrollando su relación hacia la humanidad? En el curso de tales preguntas, Jonás descubrió un concepto de Dios procesual, evolutivo. Esto puede ser constatado en su libro “El concepto de Dios, después de Auschwitz”. En ese libro formula la pregunta: ¿Dios, aún puede ser todopoderoso, omnisapiente, si pudo suceder el holocausto? Y constata que Dios con respecto al hombre ya no puede ser todopoderoso y sabio sin límites; de otro modo, jamás hubiese sucedido el holocausto. Ha compartido con los hombres su facultad de todopoderoso, de omnisapiente – les ha dado la oportunidad de decidirse en libertad por el bien, pero también la posibilidad de equivocarse y de descarriarse de la manera más terrible. Ahora, deberá saber por sí mismo lo que hace. Es responsable por los actos de sus manos, y no Dios. Jonás descubre el ámbito del medio como ámbito de lo realmente humano. Es el ámbito del corazón, de la conciencia y del amor, asociable con la libertad del hombre y con el reconocimiento adquirido por él mismo. Solamente dentro de ese ámbito es posible una relación estable entre el hombre y Dios, desde el primer día de la creación hasta la actualidad. El conocimiento y el poder pueden ser mal usados. Le sirven al hombre para el desarrollo de sus facultades y de su propia conciencia. El amor, in embargo, perdura. Caracteriza al eterno núcleo del ser del hombre, mediante el cual permanece ligado a Dios, -también en Auschwitz. Dios es el amor. Ese Dios pudo estar en Auschwitz y asistir a los hombres en las cámaras de gas. Ese “concepto de Dios después de Auschwitiz” ha salvado la imagen de Dios de Jonás. Sin embargo, esa concepción de Dios es, al mismo tiempo, el más vigoroso principio salutogenético. Es el principio del espíritu humano, querido, buscado por el yo mismo. Ese principio moviliza todas las fuentes de resistencias en el hombre. Brinda respuesta a la pregunta: ¿Qué es lo que me permite oponer resistencia contra ataques físico-anímicos-espirituales para mantener mi salud? Existen tres principios decisivos.
Tres principios decisivos
El primer principio , es la relación conscientemente cultivada hacia Dios y hacia el mundo espiritual: yo estoy dentro de Dios, y Dios está dentro de mí. Así, como Solschenyzin lo ha referido en su “Archipel Gulag “, cuando un soldado ruso está por pisarle la cara con su bota enlodada. Él yace en el suelo, ve venir la bota y piensa en ese momento: sólo puedes destruir mi cuerpo, no puedes destruir mi espíritu. La fuente de resistencia mas fuerte es la experiencia divina, la experiencia mística o también la vivencia de la identidad, la vivencia del yo como ser eterno.
El segundo principio de la invulnerabilidad que moviliza las fuentes de la resistencia, es el principio de la relación humana. Las personas, que han pasado por situaciones extremas, relatan una y otra vez, que han podido salir airosas de esas situaciones solamente por el hecho de sentirse profundamente allegadas a una o más personas. Nos enteramos así, por ejemplo De Nelson Mándela, que durante su prisión de muchos años, lo mantuvo con fuerzas la certeza de que su esposa afuera, continuaba la lucha. Relaciones humanas estrechas, cálidas, confiables -ya sea para con el padre, la madre, los abuelos, amigos, amados, esposos- actúan a modo de protección; no se siente en soledad ni abandono, sino constantemente rodeado de amor, o portado por el mismo. Esa fuerza puede surgir así mismo, de una profunda relación hacia difuntos; quien experimente esta fuerza y pueda a su vez entregarla a otros, es capaz de oponer resistencia frente a situaciones adversas. Sabe que vale la pena vivir, a pesar de la pesadilla que está experimentando en ese momento. Ocupará su tiempo y luego pasará.
El tercer principio , que fue hallado en el contexto de la investigación de Salutogénesis, a partir de consultas estadísticas, se refiere al dinero y a posesiones. Es vivenciado también como fuente de resistencia, cuando se tiene, por ejemplo, una residencia en Mallorca o una caudalosa cuenta bancaria en Suiza. Si sé, que mediante esas fuentes materiales puedo re-edificar mi vida y puedo disfrutarla tan pronto salga de la situación adversa, esto me brinda fuerzas de la resistencia.
Estos tres principios tienen en común la condición de seguridad, identificación, o bien “SER”, como experiencia existencial, sobre el plano material, anímico y espiritual.
Abrir fuentes de salud - la nueva meta de la medicina
El principio básico de la Salutogénesis, configurado sobre la heteroestasia y la activación de la defensa propia del cuerpo, aporta una amplia renovación para todos los ámbitos de la medicina moderna.
A ello corresponde asimismo una sana nutrición con alimentos, que han crecido sanos y vigorosamente. Digerirlos y transformarlos en sustancias propias del cuerpo requiere mas esfuerzo del organismo, que cuando se asimilan verduras preelaboradas en conserva o vitaminas artificiales. Todo aquello, que es precocido, predigerido, sustituido, o bien se ofrece listo, no exige suficientemente al organismo en su actividad propia. El principio básico de la alimentación saludable es activación en lugar de descarga y miramientos. También los medicamentos de la medicina antroposófica tienen como meta, reforzar la defensa corporal propia del paciente. El cuerpo no debe ser liberado de realizar esa tarea, sino que los medicamentos ayudan al organismo a desarrollar y a movilizar su fuerza de resistencia y sus fuerzas de autocuración.
Una educación orientada hacia el niño, ayuda a colocar limites correspondientes a la edad y prestar ayudas en el sentido de que puede experimentarse a sí mismo y desarrollarse. Son importantes para el niño vivenciar en su entorno, ejemplos mediante los cuales aprende a aceptar desafíos y manejarse con dificultades. Los niños deben tener la posibilidad de medir en ocasiones sus propias fuerzas en contraposición con adultos de su confianza, experimentarse a sí mismo y estabilizarse con sus propias facultades. Una buena educación se destaca por la sinceridad, y el amor y el respeto por el otro. Siendo que la sinceridad (honradez, honestidad, integridad, franqueza, lealtad, formalidad) constituye el fundamento, dado que, por importantes que sean el amor y la autonomía, carecen de piso, si no son acompañados por sinceridad- que por así decirlo, es amor sobre el plano cognitivo. Mediante el claro pensar, que significa salud sobre el plano espiritual, el niño aprende a ubicarse dentro del contexto del mundo y orientarse dentro del mismo.
Cuándo un niño ha roto un juguete, confiadamente llega junto al adulto preguntando “¿Puedes arreglarlo?” “Arreglar”, significa no sólo componerlo, sino a su vez sanar. Salud es integración, es concordancia de todas las funciones. Significa empero también la bienaventuranza, lo sagrado dentro de nosotros.
La Antroposofía como ciencia del alma y del espíritu del hombre puede tomar contacto hasta en sus pormenores con este nuevo concepto salutogenético. Con ello empero impone a su vez la responsabilidad- sobre todo a los pedagogos y médicos antroposóficos- de colaborar a través de las investigaciones propias, que ese concepto encuentre una amplia divulgación y realización. Requiere además, integrar la realidad del espíritu al debate científico-natural-medicinal, y no dejarlo de lado como “trascendente”, adjudicándoselo tan sólo a teólogos y filósofos.
La salud del hombre moderno depende decisivamente de cómo piensa de sí mismo como hombre y qué camino evolutivo toma. Es por ello que cerramos esta exposición con una perspectiva para la formación propia.
Salud, hoy y mañana
Todos podemos aprender a ser más humanos y más sanos al tomar conciencia de los ámbitos del ser divino-espiritual, “despertándolos”. Rudolf Steiner, como experto maestro en el campo del desarrollo propio, nos ha indicado el camino.En sus libros “¿Cómo obtener conocimiento de los mundos superiores?”, “La Ciencia Oculta” y “Teosofía”, remarca, sin embargo, que tanto la apropiación de conocimientos, como los impulsos para la superación o los ejercicios de meditación son beneficiosos, si queremos aprovechar los resultados de este trabajo en la vida cotidiana. Comprendido de esta manera, el desarrollo propio significa adquirir experiencia de vida, descubrir la vida en todas sus facetas, sus altos y sus bajos. ¿Cómo podríamos aprender cualidades del carácter tan magnánimas como veneración, calma interior, valentía y confianza absoluta, esperanza, lealtad, devoción, amor y veracidad que llegan a la autonomía y que a su vez acepta hasta en lo más profundo la autonomía del otro – si estas cualidades no tienen durabilidad en la vida cotidiana y de hecho recién se desarrollan y se hacen valer en las situaciones de la vida diaria? Steiner lo formula así:
“Para algunas personas, la vida común y ordinaria misma, ya es un proceso de iniciación, más o menos consciente... son aquellos que pasan por experiencias de una manera tal que su autoconfianza, su valentía, su firmeza y constancia crecen de modo saludable, y así aprenden a soportar con calma y fuerza inquebrantable sus penas, decepciones, malogro de empresas, y también con grandeza de alma. Quien ha pasado por experiencias de esta clase, a menudo ya es – sin saberlo- un iniciado y falta luego tan sólo un pequeño paso para que se le abran los oídos y los ojos espirituales, de modo que se convierta en clarividente”. (GA10, Pág. 77).

El propósito del camino de desarrollo interior antroposófico es posibilitar ese proceso de iniciación a aquellos que lo están buscando consciente y activamente. Comienza mediante el pensar acerca de un hecho, o una cualidad a ser aprendida. Podemos pensar en ello con calma, medir al respecto nuestra propia experiencia de vida y reflexionar, cuándo y cómo hemos experimentado esa cualidad, qué condiciones deben ser promovidas, para seguir desarrollándola. Para ello existe tanto la posibilidad de meditación regular acerca de tales cualidades de pensamientos y sentimientos, como así también la posibilidad de proponérsela durante determinadas semanas o meses, como ejercitación en la vida cotidiana, vale decir, ejercitarla sistemáticamente con ocasión de determinados actos, en ciertas situaciones de la conversación, o en oportunidad de encuentros. De esta manera aprenderemos que los pensamientos son realidades – puesto que experimentaremos que algo, que al comienzo sólo lo hemos pensado, paulatinamente se conforma en una cualidad del ser, vale decir, en parte de la propia identidad. De este modo se podrá experimentar, cómo el ser propio en lo espiritual-pensativo vivencia un despertar cada vez más claro dentro de los pensamientos y de los sentimientos. Por cierto, que se experimenta asimismo, como a su vez se vigorizan las cualidades negativas, egoístas e instintivas, oponiéndose a esos esfuerzos. Esto, por un lado está relacionado con el hecho de que uno se vuelve más sensible y perceptivo frente a todo lo negativo, pudiendo vivenciar así con mayor conciencia, el mayor contraste para con las cualidades positivas del ser. Por otro lado, lo anímico-espiritual mediante los ejercicios adquiere mayor libertad y mayor autonomía frente al cuerpo propio, de manera tal que éste, conjuntamente con los instintos innatos puede formar un contrafuerte más poderoso.

Es importante por lo tanto, observar determinadas condiciones, que aseguran un equilibrio saludable, disponiendo buenos hábitos, que se conforman para apoyar tanto en los altos como en los bajos de la vida. Son éstas, las así llamadas “Siete condiciones para la formación oculta”. Para finalizar expondremos estas condiciones, porque a su vez constituyen siete posturas éticas, que pueden ser practicadas ya sea individualmente, ya sea en comunidad. Ayudan para desarrollar la fuente profundamente moral-ética de la relación frente al hombre y al mundo, para cobrar de la misma, salud física, anímica y espiritual.
Steiner nos dice al respecto:
“Debe ser remarcado, que en ninguna de esas condiciones se exige un cumplimiento completo, sino tan sólo la búsqueda de ese cumplimiento. Nadie puede cumplir completamente las condiciones, pero todos podemos iniciar el camino hacia su cumplimiento. Sólo depende de la voluntad, la convicción de emprender ese camino”. (GA 10)
Siete condiciones para un sano desarrollo
La primera condición:
“La primera condición es: fijemos nuestra mirada en el fomento de la salud física y espiritual. Naturalmente que no depende del hombre mismo en un principio, cuán sano es. Pero cada uno puede intentar, fomentarse en esa dirección.” (Steiner, GA 10)
Pudiera parecernos que aquí se da una instrucción para el egoísmo en la salud. A continuación se refiere empero, cómo podemos hallar la correcta relación hacia el goce y hacia el deber. El cuerpo y el alma están sujetos a la tarea de todos los días, y puede suceder que, por cumplir con el deber, se deje de lado a la salud. Tal vez se renuncie a una comida, o se tiene que trabajar unas horas por la noche, o tal vez toda la noche. Vale decir que el trabajo exige de nosotros el no tomar en consideración la salud. Lo que entonces puede tener un efecto enfermante deberá ser equilibrado a través de la correcta relación hacia el goce. Podemos aprender a gozar, disfrutar intensamente, pero de manera tal que ese goce nos dé la fuerza de poder soportar mejor, y con mayor satisfacción nuestro trabajo. Se trata de aprender a no buscar jamás al gozo como finalidad propiamente dicha – dado que así significa implementación de una fuerza- sino, aprender a gozar de manera tal que de allí pueda generarse fuerza y nueva motivación para la vida y el desarrollo. Para personas que no pueden gozar, es especialmente importante tomar conciencia que el goce es una condición fundamental para la conservación de la salud, requerida por el alma y por el cuerpo. El problema consiste tan sólo en conservar la conciencia en medio del mismo, y hallar el momento justo para terminarlo, según el lema: “Deberíamos terminar de comer justamente en el momento del mayor deleite”. Si traspasamos el punto culminante en el deleite, o nos proporcionamos el goce mediante drogas perniciosas para la salud o estimulantes, entonces tendremos que buscar la recuperación a partir de otras fuentes.
La segunda condición:
“La segunda condición es sentirse como un miembro de toda la vida. En el cumplimiento de esta condición, mucho está encerrado. Pero cada uno de nosotros puede cumplirla solamente a su manera. Si soy educador y mi pupilo no es como yo quisiera que fuese, no tendré que enojarme con el pupilo sino conmigo mismo.
Tendré que aunar mi sentimiento, de modo tal con mi pupilo, que me pregunte: ¿Aquello que me parece deficiente en mi pupilo, acaso no es consecuencia de mi propio acto?”
En lugar de orientar mis sentimientos en su contra, en tal caso me pondré a reflexionar acerca de cómo comportarme, cómo proceder, para que en el futuro el pupilo pueda responder mejor a mis requerimientos. A partir de una postura tal, paulatinamente irá cambiando la manera de pensar del hombre. Esto cobra validez para los hechos más pequeños y los más grandes. A partir de esa postura, por ejemplo, miraré con otros ojos al delincuente, que sin ella. Me contengo con mi juicio diciendo: “soy un hombre como él. La educación que el destino me ha deparado ha sido tal vez la única razón que me ha amparado de un destino tal como el suyo”. Luego, puedo llegar a la conclusión que ese hermano-hombre podría haber sido otro, si los maestros que en mí han volcado toda su dedicación, se la hubiesen proporcionado a él. Tomaré en cuenta que yo he recibido algo que a él se le ha quitado, y que el bien que poseo se lo debo a la circunstancia que a él se lo ha sustraído. Y entonces, me habré aproximado a la concepción de que sólo soy una parte, un miembro dentro de la humanidad toda, y que comparto la responsabilidad de todo lo que acontece. (GA 10)
Quien practica esta condición notará- también con alguna consternación- en qué elevada medida ejerce poder mediante su comportamiento. Cuando alguien me provoca enojo y yo reacciono sobre un plano acorde a ese enojo, la situación fácilmente puede desbordar y puede traer como consecuencia una discordancia permanente. Si empero por esa ofensa no nos dejamos llevar a una reacción respectiva, y en cambio nos formulamos la pregunta: ¿Cómo debo comportarme, para que también esta persona pueda mostrarse de su lado mejor, o: ¿ que habrá pasado en su interior, que habrá sucedido tal vez en su casa, que el umbral de su defensa ha sido tan bajo para hacerme blanco de sus impertinencias? Aún cuando no podemos dar respuesta a esta pregunta, ya el hecho de formularla con sinceridad, y sin condenar al otro, significa un paso importante. Y no pocas veces ocurre – en ocasión de una postura observada frente a él – que el otro muestre un cambio en su comportamiento al cabo de determinado tiempo.
Con ello se relaciona de modo inmediato la Tercera Condición para la formación oculta:
“...que sus pensamientos y sus sentimientos para el mundo poseen la misma importancia que sus actos. Tenemos que darnos cuenta de que es igualmente tan pernicioso si siento odio por mi prójimo, como si lo estoy golpeando. Entonces me doy cuenta a su vez, que al perfeccionarme, no sólo hago algo para mí mismo, sino también para el mundo. De la pureza de mi sentir y pensar, el mundo obtiene el mismo provecho como de mi buen comportamiento. (GA 10). Cuán efectivos pueden ser buenos pensamientos y sentimientos con respecto a otras personas, lo sabe todo aquél que en su entorno tiene personas en las cuales piensa con amor, respeto y estima.
Los niños tratados con cariñoso respeto pueden crecer en esa atmósfera, como protegidos de un muro de moralidad, que les permite tolerar con una seguridad interior mucho mayor de la que sería posible sin una protección tal, los disgustos cotidianos habituales y las vivencias angustiantes.
La cuarta condición es la adquisición:
“De la opinión, del convencimiento de que la entidad propiamente dicha del hombre no se encuentra en lo externo, sino en el interior. Quien sólo se considera como producto del mundo exterior, como resultado del mundo físico, no podrá avanzar en la formación oculta. Sentirse como ser anímico-espiritual es un fundamento para tal formación. Quien avanza hacia ese sentimiento, estará capacitado para discernir entre el compromiso interior y el éxito exterior. Se dará cuenta de que lo uno no puede ser medido de modo inmediato en lo otro. El estudiante de lo oculto tendrá que encontrar el correcto equilibrio entre aquello que determinan las condiciones externas, y aquello que reconoce como correcto para su comportamiento. No deberá imponer a su entorno algo, para lo cual éste no posee comprensión; a su vez empero deberá ser completamente libre del afán de hacer solamente aquello que puede ser aprobado por ese entorno. El reconocimiento con respecto a sus verdades lo tendrá que buscar únicamente en la voz de su alma sincera, empeñada en el logro de la comprensión. Deberá aprender de su entorno, aprender todo lo que pueda, para descubrir lo que le es útil y provechoso. De esta manera podrá desarrollar dentro de sí mismo aquello que en la ciencia oculta se denomina “la balanza espiritual”. En uno de sus platillos se encuentra un “corazón abierto” para las necesidades del mundo exterior y sobre el otro platillo “firmeza interior y perseverancia inquebrantable” (GA10).
La quinta condición es:
“La constancia en el cumplimiento de la decisión tomada. Nada debe inducir al discípulo en lo oculto a renunciar a la decisión tomada, únicamente la convicción de que se ha sumido en un error. Toda decisión conforma una fuerza y aunque esa fuerza no tenga un resultado inmediato en el lugar hacia donde está orientada en principio, actúa a su manera. El éxito es decisivo tan sólo cuando un acto se realiza bajo el impulso de la avidez. Pero todos los actos que se realizan impulsados por la avidez carecen de valor frente al mundo espiritual. Aquí, es decisivo únicamente el amor que se vuelca en el acto. Dentro de ese amor debe cobrar vida todo aquello que impulsa al discípulo en lo oculto a la realización de un acto. No se cansará entonces de transformar en acción su decisión, una y otra vez, no importándole cuántas veces se malogre su intento”.(GA10).
La sexta condición:
“Una sexta condición es el desarrollo del sentimiento de la gratitud frente a todo aquello que el hombre recibe. Debemos saber que la propia existencia es una dádiva del universo entero. ¡ Cuánto hace falta para que cada uno de nosotros pueda recibir y realizar su vida! Estos son los pensamientos hacia los cuales deben inclinarse aquellos que buscan la formación oculta. Quien no puede entregarse a estos pensamientos, no podrá desarrollar dentro de sí, aquel amor global necesario para llegar a una cognición superior. No puede revelárseme algo que no estoy amando. Y cada revelación deberá colmarme de gratitud, por el hecho de que me enriquece”. (GA10).
Y finalmente se dice:
“Todas las condiciones mencionadas deben unificarse dentro de una séptima condición: concebir la vida constantemente en el sentido exigido por las condiciones. De esta manera, el pupilo se crea la posibilidad de otorgar un carácter uniforme a su vida. Las diferentes expresiones de su vida así se hallarán en consonancia y no en contradicción. Estará preparado para la calma a la cual deberá llegar durante los primeros pasos en su formación oculta. (GA.10)
La mirada orientada al camino de nuestra formación propia nos muestra que, aún siendo imperfectos como seres humanos, sobre todo poseemos empero también la facultad del desarrollo. Una humanidad cada vez mayor puede ser aprendida si estamos dispuestos a pensarla y sentirla, ejercerla y querer llevar a cabo una y otra vez el intento. Al abrir así, paulatinamente, las fuentes necesarias, obtendremos salud en medida cada vez mayor, en los tres planos de nuestra existencia: en lo corporal, en lo anímico y en lo espiritual. Por encima de ello obtendremos empero también una saludable postura fundamental ética, que puede fomentar el desarrollo de la humanidad en todos los ámbitos de la vida. Permítanme señalar al respecto, un libro recién aparecido, en el cual recibe un tratamiento detallado, el desarrollo de una saludable postura fundamental ética referida:
“Etica Espiritual” (autora Michaela Glöckler).

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